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Entre las
muchas leyendas que circularon en la Europa medieval
destaca la “Legende de S. Voult de Luques“, que relata
la milagrosa llegada a las costas italianas en un barco
sin tripulación que llevaba a bordo una imagen con el
rostro de Cristo.
La leyenda cuenta que la talla fue esculpida por
Nicodemo, uno de los protagonistas del descendimiento de
Jesús. Por no ser un escultor experto, no habría sido
capaz de dar al rosto la forma deseada. Cansado y
desilusionado, se durmió sin haber acabado el trabajo;
pero al despertar la habría encontrado milagrosamente
terminada por la mano de un ángel. Se cree que esta
iconografía fue llevada a Cataluña por los soldados
italianos que llegaron en 1114 para ayudar al conde de
Barcelona Ramón Berenguer III en su conquista de las
Baleares. Por esa razón, en la Cataluña románica fue una
imagen muy difundida y venerada. La primera miniatura
del lujoso manuscrito conservado en la Biblioteca
Apostólica Vaticana, muestra a un hombre y una mujer
arrodillados frente a la imagen, sin ninguna duda los
nobles propietarios de tan hermoso códice.
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