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Historia de los facsímiles

Aunque la época de mayor esplendor de toda la historia de los facsímiles está siendo el XXI debido a que las nuevas tecnologías ofrecen una posibilidad sin igual de reproducir cada detalle y desgaste de las obras originales. Si bien es cierto que todo empezó mucho tiempo atrás. ¡Sigue leyendo para saber verdaderamente cuándo comenzó todo!

Los inicios de la historia de los facsímiles

A pesar de que hay quien dice que el término se empezó a utilizar en el siglo XIX, debido a su introducción de la litografía. Lo cierto es que se puede remontar hasta los tiempos de la imprenta y, por qué no, hasta los tiempos del imperio romano.

Roma tenía multitud de bibliotecas, y allí copiaban papiros y pergaminos de poetas, filósofos y emperadores para que, al prestarlos, los originales corriesen menos riesgo. Igualmente, los numerosos incendios que sufría la ciudad hacían de esta práctica de copiar los manuscritos algo vital para la supervivencia de las obras.

Con la imprenta, no sólo se imprimieron copias de obras nuevas y en formatos más novedosos y modernos. Sino que también se realizaron una serie de réplicas de obras más valiosas por su contenido o historia.

El primer facsímil

El primer facsímil como tal conocido está datado en 1697. Realizado por un historiador del derecho a partir de planchas de cobre. Reprodujo un manuscrito del rey Wenceslao que contenía la Bula de Oro. Es un documento que promulgaba la forma de elección del rey de Romanos mediante los príncipes electores. El interés por salvaguardar del tiempo potenció la necesidad, en el siglo XVIII, de buscar nuevos y mejores métodos de reproducción, para que no perdiesen la esencia que permanecía sólo en los originales.

Gracias a la anteriormente mencionada litografía; que es un proceso por el cual se realizaba un dibujo, texto o fotografía previos en una plancha de metal o piedra calcárea y a su natural evolución, la fototipia; que sigue estando en auge en Japón por su cualidad de dotar a la imagen de una textura enriquecida -, los facsímiles modernos podían recuperar el color, tono, textura y detalle de su original también.

Así, el siglo XX es el comienzo de la creación de facsímiles de importantes manuscritos (Beatos, libros de horas, atlas, grabados, etc.) y el siglo XXI, su culmen.

También hay que decir que no cualquier reproducción facsimilar llega al nivel de una edición facsímil.

¿Cómo saber cuándo es una edición facsímil?

Incluso el ojo menos experto puede averiguarlo si se fija en los detalles tanto internos como externos que alberga el facsímil. De tal forma que el facsímil ya no es solo una copia de lo más destacado, sino un “doble” del original que obedece a la exigencia de investigadores, científicos, estudiosos y bibliófilos.

Es decir, que el facsímil es el perfecto sustituto del original. Reúne tanto formato, detalles, materiales, tintas, encuadernación, anotaciones e, incluso, el deterioro o daños que acusa el original.

La elaboración de los facsímiles se realiza mediante numerosos y complicados procesos de reproducción mecánica y, también, de laboriosos trabajos manuales, como la encuadernación.

Esperamos que te haya gustado conocer la historia de los facsímiles y hayas podido comprender por qué muy pocos consiguen reunir la calidad para ser realmente ediciones facsimilares. Si quieres saber más, continua curioseando en nuestro blog. También puedes entrar en nuestra página web, donde encontrarás las más hermosas ediciones facsímiles y todo sobre ellas.